Quienes somos en Cristo

by Jose Andres Lam
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1 Pedro 1:1-7

Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos, extranjeros dispersos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, según la previsión de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser redimidos por su sangre: Que abunden en ustedes la gracia y la paz.

¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva  y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos. Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele.

Pedro escribió la primera de sus dos epístolas para alentar a los cristianos que estaban sufriendo persecución. El discípulo pensó que la manera de comenzar la carta era recordando a los creyentes lo que somos en el Señor.

Los creyentes somos escogidos en Cristo. No es que el Señor elija a algunas personas para que entren al cielo, y a otras para que vayan al infierno. Antes bien, la buena nueva de Cristo es para todos (Juan 3.16; Romanos 1.20). Los “escogidos” son aquellos que reciben al Salvador voluntariamente. La conclusión es que Dios le quiere a usted. Él le escogió (2 Pedro 3.9).

Los creyentes son recipientes de misericordia. Nadie puede decir que sus buenas obras le ganaron un lugar en el cielo. Somos salvos por la misericordia de Cristo (Tito 3.5). Dios nos amó tanto que creó un modo para que podamos estar en relación con Él ahora y siempre.

Los creyentes son personas protegidas. El Salmo 34.7 dice: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen”. Estamos tan bien protegidos, que la única manera de que nuestra vida pueda ser tocada por la adversidad es si Dios lo permite. Eso no significa que no experimentaremos pérdidas ni conflictos. A veces, Dios permite que sus hijos anden en valles de oscuridad, pero al igual que el pastor que siempre protege a su rebaño, Él permanece al lado de nosotros (Salmo 23.4).

El mensaje de la epístola de Pedro es sencillo: no tema cuando atraviese tiempos difíciles. Enfóquese en quien es usted en Jesucristo. Tiene razones para ser osado, confiado y triunfante, porque es un hijo de Dios escogido, amado y bien protegido.

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